Pérgolas bioclimáticas

Cerrar los laterales de una pérgola con cristal

Qué se gana al cerrar con cristal los laterales de una pérgola bioclimática, cómo se resuelve técnicamente y por qué conviene decidirlo antes de fabricar.

Terraza cubierta con pérgola bioclimática de lamas y cerramiento de cristal, sofá y vistas a jardín

La foto de arriba es un proyecto nuestro, y es la mejor explicación de este post: una pérgola bioclimática con las lamas orientables arriba y los laterales cerrados con cristal. Desde dentro, una estancia con vistas y sin viento. Desde fuera, sigue siendo una pérgola.

Es la evolución natural de casi todas las pérgolas que instalamos, y la mayoría de los propietarios descubren que existe después de haber comprado la suya. Este post es para que no te pase.

Qué problema resuelve

Una pérgola bioclimática resuelve el techo. Las lamas giran, controlas el sol, ventilas con sombra, y cerradas forman una cubierta que drena el agua hacia los pilares. Eso es mucho, y para muchas terrazas es suficiente.

Lo que no resuelve es el lateral. Con las lamas cerradas y viento de costado, la lluvia entra igual. En otoño y en invierno, una pérgola sin laterales sigue siendo un espacio exterior: protegido por arriba, expuesto por los cuatro costados.

Cerrar los laterales con cristal cambia la categoría del espacio. Deja de ser una zona de sombra y pasa a ser una estancia protegida del viento y de la lluvia que se abre entera cuando apetece. La diferencia práctica se mide en meses de uso: de unos cinco o seis al año a diez o doce.

Cómo se resuelve

Los laterales se cierran con cortinas de cristal. Las hojas de vidrio templado se deslizan por una guía superior e inferior, giran sobre sí mismas y se abaten contra un lateral, dejando el hueco completamente libre.

Ese detalle es el que hace que la combinación funcione: cuando abres, la pérgola vuelve a ser una pérgola. No te quedas con unos paneles fijos que arruinan el motivo por el que pusiste una pérgola y no una habitación.

Y se combinan las dos aperturas, que es lo que nadie te cuenta hasta que lo vives:

  • Lamas abiertas, cristales abiertos: estás en la terraza, sin más.
  • Lamas cerradas, cristales abiertos: sombra total y aire corriendo. El día de agosto.
  • Lamas abiertas, cristales cerrados: sol directo y sin viento. La mañana de febrero.
  • Todo cerrado: una estancia. La tarde de lluvia de noviembre.

Cuatro espacios distintos con la misma estructura.

El punto técnico que decide el precio: decidirlo antes

Aquí está la parte práctica de este post, y la razón de escribirlo.

La estructura se puede dejar preparada para recibir el cristal, y hacerlo así cuesta bastante menos que adaptarla después.

Una pérgola bioclimática se dimensiona para sostener su propia cubierta y sus lamas. Los laterales de cristal necesitan que la guía superior tenga dónde anclarse a lo largo de todo el vano, y que abajo haya una línea recta y nivelada donde apoyar la guía inferior. Si la pérgola se fabricó pensando en eso, se resuelve limpiamente. Si no, casi siempre hay solución, pero implica añadir perfilería, y a veces implica que el reparto de hojas no sea el ideal porque hay un pilar donde no interesaba.

Así que la recomendación es sencilla y no te compromete a nada: si crees que en algún momento vas a querer cerrar los laterales, dilo en la medición de la pérgola, aunque lo vayas a hacer dos años después. No cuesta dinero decirlo y puede ahorrarte bastante.

Qué medidas admite

Los dos sistemas tienen sus límites y conviene cruzarlos antes de dibujar nada.

La pérgola va de 1,00 a 4,20 m de línea en la versión orientable y hasta 4,50 m en la retráctil, con salidas de 1,20 hasta 7,00 m en ambas. Superficies mayores se resuelven combinando módulos.

La cortina de cristal, por su parte, se organiza en secciones de hasta 4 por cerramiento, con ángulos de 0° o 90° entre ellas. Eso encaja de forma natural con una pérgola, que es rectangular por construcción.

El punto a vigilar es dónde caen los pilares, porque marcan dónde empieza y acaba cada sección de cristal y, por tanto, hacia dónde se pueden recoger las hojas. Un pilar en medio del paso al jardín, con el paquete de hojas plegándose justo ahí, es el error que se evita mirando la terraza en lugar del plano.

Qué cuesta, más o menos

Las dos partes se presupuestan por separado, así que puedes hacerlo en dos fases sin penalización más allá de la segunda visita.

Con las cifras de nuestros proyectos reales en la Comunidad de Madrid, sin IVA y con descuentos aplicados: la pérgola se mueve entre 460 y 590 €/m² de cubierta, y las cortinas de cristal entre 230 y 330 €/m² de hueco, según el tamaño de cada tramo. El desglose de cada una está en el precio de una pérgola bioclimática y en el precio de las cortinas de cristal.

Ojo con una cuenta que la gente hace mal: los metros de la pérgola son de cubierta (línea por salida) y los del cristal son de hueco (ancho por alto de cada lateral). No son los mismos metros y no se suman.

Lo que conviene saber antes de decidir

Dos advertencias honestas.

La primera: una pérgola con los laterales cerrados no es una habitación. El cristal es templado monolítico, sin cámara de aire y sin rotura de puente térmico, y las lamas de aluminio tampoco aíslan como un forjado. Corta el viento y la lluvia y gana muchos grados sobre el exterior, pero en enero, sin calentarla, no vas a tener la temperatura del salón. Si la quieres como estancia de invierno de verdad, hay que hablar de aislamiento en las lamas y de qué vidrio va en los laterales.

La segunda: cerrar los laterales cambia el trámite municipal. Una pérgola ya suele necesitar al menos una comunicación previa en la mayoría de ayuntamientos de la Comunidad de Madrid. Cerrarla con cristal se parece bastante más a un cerramiento, y en algunos sitios se mira de otra manera, sobre todo en unifamiliares donde puede tocar la edificabilidad de la parcela. Nosotros damos los planos y la ficha técnica para el expediente, pero somos fabricantes e instaladores, no asesores urbanísticos: esa consulta hay que hacerla en el ayuntamiento.

En resumen

Si tienes una pérgola y la usas menos de lo que esperabas, el problema casi nunca es el techo: son los laterales. Y si todavía no la tienes, la conversación de cinco minutos que conviene tener en la medición es esta, aunque el cristal sea para más adelante.

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