Cortinas de cristal

Calor e intimidad en una terraza acristalada

Cómo resolver el sol de agosto y la falta de intimidad en una terraza cerrada con cristal: estores, vidrio mate, toldo y ventilación, con sus contrapartidas.

Balcón acristalado con panel inferior translúcido y vistas a un parque soleado

Son dos preguntas distintas que casi siempre llegan juntas, y casi siempre después de la instalación: "en agosto aquí no se puede estar" y "desde el edificio de enfrente se ve todo".

Las dos tienen la misma causa. El cristal deja pasar la luz, que es exactamente para lo que se compra, y con la luz pasan el calor del sol y la mirada del vecino. La solución no es renunciar al cristal, es controlar cuándo pasa y cuánto.

Hay cuatro respuestas posibles y cada una tiene su contrapartida. Vamos con las cuatro antes de recomendar ninguna.

Por qué una terraza acristalada se calienta tanto

Conviene entenderlo porque explica cuál de las soluciones funciona y cuál no.

La radiación solar atraviesa el vidrio y calienta el suelo, los muebles y las paredes de la terraza. Esas superficies devuelven ese calor al aire en forma de radiación de onda larga, que ya no atraviesa el vidrio con la misma facilidad. El calor entra fácil y sale con dificultad. Es el efecto invernadero, literalmente, y es el mismo motivo por el que un coche al sol se pone a cincuenta grados con las ventanillas cerradas.

De ahí se deduce lo más importante: lo que funciona de verdad es frenar el sol antes de que entre, no después. Y como el cristal deja pasar la luz, una sombra puesta por dentro siempre será menos eficaz que la misma sombra puesta por fuera. Menos eficaz no significa inútil, y en un cerramiento de cristal la sombra por dentro es muchas veces la única opción posible.

Opción 1: estores en las propias hojas

Es la solución más pedida y la que mejor encaja con el producto, porque se monta sobre la propia cortina de cristal en lugar de pelearse con ella.

El estor para cortinas de cristal va por hoja: cada hoja lleva el suyo, sujeto a su propio vidrio, de modo que la hoja sigue girando y abatiéndose con el estor puesto. No hay un raíl continuo que impida abrir, que es el problema de intentar montar una cortina de tela convencional en un cerramiento de este tipo.

Ventajas:

  • Es regulable. Lo subes y lo bajas según la hora y la estación, que es justo lo que el problema pide: en enero quieres que entre todo el sol posible, en agosto ninguno.
  • Resuelve el calor y la intimidad a la vez, y de forma independiente hoja por hoja. Puedes bajar solo las tres hojas que dan al edificio de enfrente y dejar el resto despejado.
  • Se puede añadir después. Es el único de los cuatro que no obliga a decidir en el momento de comprar el cerramiento.
  • Hay cinco lonas (blanco, gris claro, gris oscuro, beige y verde pardo) y las cinco cuestan lo mismo, así que la elección es puramente estética.

Contrapartidas:

  • Se factura por metro cuadrado, con un mínimo de 1 m² por estor. En hojas estrechas eso significa que pagas más metro del que ocupa la hoja, y como el estor va por hoja, una terraza con muchas hojas estrechas se encarece.
  • Al ir por dentro, frena el sol después de que haya atravesado el vidrio. Ayuda mucho con el deslumbramiento y con la intimidad, y ayuda menos con el calor que la misma sombra puesta por fuera.

Opción 2: vidrio mate o en tono bronce

Se decide al comprar el cerramiento, no después, y por eso conviene pensarlo en la medición.

El vidrio mate tamiza la luz y da intimidad permanente. Es la opción que más recomendamos en balcones que están a pocos metros del edificio de enfrente, donde la privacidad importa las veinticuatro horas y no solo a ratos.

El tono bronce o gris reduce el deslumbramiento y suaviza la entrada de luz manteniendo la visión hacia fuera.

Contrapartidas: los dos suben el precio del vidrio de forma apreciable respecto al transparente, y sobre todo son permanentes. Un vidrio mate da intimidad en agosto y también en un domingo de enero en el que querrías ver la calle. No se regula. Por eso lo habitual es mezclar: mate en los tramos que dan al vecino, transparente en los que dan a la vista buena.

Opción 3: sombra por fuera

Es lo que mejor funciona contra el calor, por lo que veíamos al principio: detiene el sol antes de que atraviese el cristal.

Si la terraza está cubierta por un techo de cristal, se le puede montar un toldo por encima, y ahí la diferencia se nota de verdad. Lo hemos desarrollado en toldo veranda sobre un techo de cristal.

Si la terraza está a cielo abierto, un toldo vertical por delante del cerramiento hace el mismo trabajo en la fachada.

Contrapartida: es la solución más cara de las cuatro y no siempre es posible. En un balcón de piso, colgar cualquier cosa por fuera de la fachada suele necesitar el permiso de la comunidad de propietarios, y muchas comunidades no lo dan o exigen un modelo y un color concretos para todo el edificio.

Opción 4: ventilar, que es gratis

Suena obvio y se olvida constantemente. Una cortina de cristal abre entera: las hojas giran y se recogen contra un lateral, y el hueco queda completamente libre. Eso no es una ventana entreabierta, es quitar la fachada.

En verano, la terraza cerrada de día y abierta de noche se comporta de forma completamente distinta a la que se queda cerrada las veinticuatro horas. El aire de la madrugada en Madrid es la mejor herramienta de refrigeración que hay disponible y no cuesta nada.

La regla práctica: cerrado y con sombra durante el día, abierto de par en par por la noche. Al revés de lo que hace mucha gente.

Cómo elegir

Tu problemaLa respuesta corta
Sol de tarde que hace inhabitable la terrazaSombra por fuera si es posible; estores si no
El vecino de enfrente ve el salónVidrio mate en esos tramos concretos
Quiero intimidad a ratos, no siempreEstores, que suben y bajan
Deslumbramiento al teletrabajarEstores, o vidrio en tono bronce
Se me queda el aire cargadoVentilar, y revisar la guía de condensación

Y una recomendación que damos a menudo y que no cuesta dinero: si el cerramiento todavía no está fabricado, dinos hacia dónde da la terraza. La orientación cambia la recomendación por completo. Un cerramiento a norte casi nunca necesita estores. Uno a poniente en un ático los va a necesitar el primer julio, y saberlo antes permite dejar el presupuesto preparado en lugar de resolverlo con prisa en agosto.

Lo que no vamos a decirte

No vamos a darte una cifra de cuántos grados baja la terraza con estores, porque no la tenemos medida y no nos parece serio inventarla. Lo que sí podemos decir, porque lo vemos en cada instalación, es que el orden de eficacia contra el calor es siempre el mismo: sombra exterior primero, ventilación nocturna después, sombra interior en tercer lugar y vidrio mate en cuarto.

Para la intimidad, el orden es justo el contrario.

Casi todas las terrazas acaban combinando dos de las cuatro, y cuál es la pareja correcta depende de la orientación, de la altura y de quién tienes enfrente. Eso se ve en la visita de medición, mirando hacia donde miras tú.

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