Cortinas de cristal

Cortina de cristal: ¿vidrio de 8 o de 10 mm?

Cuándo lleva 8 mm y cuándo 10 mm una cortina de cristal: alturas máximas de cada espesor, peso, manejo y por qué el grueso no siempre sale más caro.

Cerramiento de cristal en esquina de ático con panel inferior translúcido y vistas a naves industriales

La respuesta corta es que no lo eliges tú: lo elige la altura de tu hueco.

En una cortina de cristal abatible, el vidrio templado de 8 mm llega hasta 2,20 m de altura de hoja. Por encima de eso entra el de 10 mm, que llega hasta 2,80 m, aunque a partir de 2,60 m preferimos estudiarlo caso a caso.

Si tu hueco mide 2,10 m, es 8 mm. Si mide 2,50 m, es 10 mm. En la franja estrecha donde caben los dos hay algo que decidir, y el resto de este post va de eso.

Las alturas, sistema por sistema

No son iguales en abatible y en corredera, y eso sorprende a quien compara presupuestos de las dos:

SistemaVidrio de 8 mmVidrio de 10 mm
Abatiblehasta 2,20 mhasta 2,80 m
Correderahasta 2,30 mhasta 2,80 m

La abatible es algo más restrictiva en 8 mm porque cada hoja gira sobre sí misma y se abate, así que trabaja de una forma que la corredera no: la hoja tiene que sostenerse girada, no solo colgada de un carril.

Lo que de verdad cambia: el peso

Es la magnitud que explica todas las demás consecuencias.

VidrioPeso
Templado 8 mm20 kg/m²
Templado 10 mm25 kg/m²

Un 25 % más. En una hoja de 70 cm por 2,50 m, son 1,75 m², es decir unos 35 kg con 8 mm y unos 44 kg con 10 mm. Por hoja.

Ese peso se nota en tres sitios:

En el manejo diario. Una hoja de 44 kg se pliega y se recoge perfectamente, pero se nota más que una de 35. Si en casa hay alguien mayor y el cerramiento se abre y se cierra a diario, merece una conversación.

En el herraje. Más peso significa que cada carro y cada compensador trabajan más. Es la razón por la que el sistema no permite subir de altura sin subir de espesor: no es el cristal el que falla, es el conjunto.

En el límite de 500 kg por grupo. Cada paquete de hojas móviles que se pliega junto está limitado a 500 kg. Con 10 mm llegas a ese techo con menos metros que con 8 mm, y cuando se supera hay que añadir una hoja con función de puerta, dividir la sección o bajar el espesor. Está explicado en cuántas hojas lleva una cortina de cristal.

El dato que sorprende: el grueso no sale más caro

Aquí hay algo contraintuitivo que sacamos de nuestros propios proyectos cerrados y que conviene saber antes de intentar ahorrar por el lado equivocado.

En nuestros proyectos reales, los cerramientos de 10 mm no salen más caros por metro cuadrado que los de 8 mm.

El vidrio de 10 mm sí cuesta más por metro. Pero se usa sobre todo en huecos grandes y altos, y el efecto del tamaño sobre el precio por metro cuadrado pesa más que el del espesor: en un hueco alto pagas más vidrio pero no añades ni un solo herraje, porque los herrajes se cuentan por hoja y las hojas son las mismas, solo más altas.

La conclusión práctica: no elijas 8 mm pensando que vas a ahorrar. En la mayoría de los casos, cambiar el espesor mueve una partida del presupuesto sin mover apreciablemente el total. Elige el que pida tu hueco.

Está desarrollado con el reparto real del precio en la guía de precios de las cortinas de cristal.

Cuándo elegimos 10 mm aunque quepan los dos

En la franja donde el hueco admite ambos, estos son los motivos por los que solemos recomendar el grueso:

  • Fachada muy expuesta al viento. Un ático en alto, una vivienda en zona abierta. El vidrio más grueso es más rígido y el conjunto se comporta con más aplomo.
  • Hojas anchas. Si el reparto pide hojas cercanas a los 80 cm, el grueso ayuda.
  • Sensación de solidez. Es subjetivo y es legítimo: un cerramiento de 10 mm se abre y se cierra con un tacto más macizo. Mucha gente lo nota al probarlo y lo prefiere.

Y los motivos para quedarse en 8 mm:

  • Hueco claramente por debajo de 2,20 m.
  • Apertura muy frecuente, varias veces al día, sobre todo si quien abre no tiene mucha fuerza.
  • Muchas hojas en un mismo grupo, donde el límite de peso aprieta.

El acabado es otra decisión

Conviene no mezclarlas, porque son independientes: el espesor lo manda la altura, el acabado lo mandas tú.

Sobre 8 o 10 mm puedes elegir:

  • Transparente, la opción estándar.
  • Mate, que tamiza la luz y da intimidad permanente. Muy pedido en balcones a pocos metros del edificio de enfrente.
  • En tono bronce o gris, que reduce el deslumbramiento manteniendo la visión hacia fuera.

El mate y el tono bronce suben el precio del vidrio de forma apreciable respecto al transparente, y son permanentes: dan intimidad en agosto y también un domingo de enero en que querrías ver la calle. Si lo que quieres es poder regularlo, lo tuyo son estores, y está comparado en calor e intimidad en una terraza acristalada.

Lo habitual y lo más sensato es mezclar: mate en los tramos que dan al vecino, transparente en los que dan a la vista buena.

Los dos son vidrio de seguridad

Conviene decirlo porque genera dudas: tanto el de 8 como el de 10 mm son vidrio templado, y el templado es un vidrio de seguridad.

El temple es un tratamiento térmico: la lámina se calienta por encima de los 600 grados y se enfría de golpe. Eso la vuelve mucho más resistente que un vidrio normal del mismo espesor y, sobre todo, cambia cómo rompe. Un templado no rompe en cuchillas: se fragmenta en trozos pequeños de canto romo.

Elegir 8 mm no es elegir un vidrio menos seguro. Es elegir el espesor que corresponde a la altura de tu hueco.

Cómo se decide en la práctica

En la medición tomamos la altura real del hueco, que casi nunca es la que la gente cree porque el suelo tiene pendiente y el techo no siempre está a nivel. Con esa altura, el espesor sale prácticamente solo. Después miramos el reparto de hojas, comprobamos que ningún grupo se pasa de los 500 kg y ajustamos si hace falta.

Si alguien te ofrece un espesor por teléfono, sin haber medido la altura, te está diciendo lo que suele poner, no lo que tu hueco necesita.

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