Cortinas de cristal

Cristal fijo o hoja móvil: cuándo cada uno

Cuándo conviene un panel fijo y cuándo una hoja que abre en un cerramiento de cristal: precio, uso real y el error de querer que abra todo el hueco.

Cerramiento de cristal corredero en porche con sofá y vistas a jardín con césped artificial

Es la decisión que más dinero mueve dentro de un presupuesto de cerramiento, y casi nadie la plantea. La mayoría de la gente pide "que abra todo", paga por ello, y a los dos años ha usado la mitad.

Los fijos no son la opción pobre. En nuestros proyectos reales son entre una cuarta parte y un tercio de todo lo que instalamos, y en muchos casos son la decisión técnicamente correcta, no la barata.

Qué es cada cosa

Una hoja móvil es un panel de vidrio que se desplaza por una guía superior e inferior, gira sobre sí mismo y se abate contra el siguiente hasta que el hueco queda libre. Es lo que hace una cortina de cristal, y cada hoja lleva su kit de herrajes, su compensador y su parte de junta.

Un cristal fijo es un panel que no se mueve. Se resuelve de tres formas: enmarcado (con un marco de 65 mm en el que el vidrio entra 32,5 mm), con perfil en U, o sin marco.

Por qué un fijo cuesta bastante menos

Por la lógica que gobierna todo el precio de estos sistemas: los herrajes se cuentan por hoja.

Una hoja móvil arrastra su carro, su compensador, su parte de junta vertical y, si hace de puerta, un kit más caro y su cierre. Un fijo no arrastra nada de eso: es vidrio, marco y sellado.

En una cortina de cristal, los herrajes son la partida más grande del presupuesto, por delante del vidrio. Cambiar dos hojas móviles por dos fijos en los tramos donde no necesitas abrir es de las pocas decisiones que bajan el precio sin bajar la calidad de nada.

Un buen presupuesto propone fijos donde tocan. Si el que tienes delante lleva todo el perímetro en hojas móviles sin haberte preguntado por dónde sales, ahí hay dinero tuyo pagando movimiento que no vas a usar.

Dónde poner fijos, casi siempre

Por orden de evidencia:

  • Contra una pared medianera o el muro del vecino. No hay nada al otro lado. Abrirlo no aporta absolutamente nada.
  • En los extremos de un frente largo, donde el paquete de hojas nunca va a llegar.
  • En los tramos que dan a un patinillo, a una bajante o a un hueco técnico.
  • En la parte alta, cuando el hueco es muy alto y se resuelve con un fijo superior y hojas móviles debajo.
  • Donde hay un mueble fijo delante: la barbacoa de obra, el banco, la jardinera. Si la hoja no puede abrirse porque hay algo delante, es un fijo con pasos de más.

Dónde no

  • En el frente principal, el que da a la vista o al jardín. Ese es el motivo por el que compras el sistema.
  • En el único paso de salida. Necesitas al menos una hoja con función de puerta por cada dirección de plegado, o te quedas encerrado con el cerramiento cerrado.
  • Donde ventilas. Si ese tramo es por donde entra el aire en verano, tiene que abrir.

Lo que un fijo puede hacer y una hoja móvil no

Aquí está la parte que sorprende y que convierte al fijo en una decisión técnica, no económica.

Un fijo admite composiciones de vidrio que una hoja abatible no puede llevar. Como no tiene que girar sobre sí mismo ni plegarse, puede montar:

  • Doble acristalamiento 4/8/4, con cámara de aire.
  • Laminar en varios espesores, hasta 8+8 y 10+10.
  • Panel sándwich, cuando lo que quieres es tapar y aislar en lugar de ver.

Eso significa que, en el tramo que da al norte y por el que se te escapa el calor, un fijo con cámara se comporta bastante mejor que cualquier hoja móvil. Sella más, aísla más y condensa menos, porque no tiene encuentros móviles.

La consecuencia práctica: mezclar no es una solución de compromiso, es la mejor solución. Hojas móviles donde quieres abrir, fijos con mejor vidrio donde solo quieres cerrar.

Formas que solo el fijo permite

Un fijo se puede hacer en polígonos de 3 a 5 lados, con lados de 12 cm hasta 7 metros. Es lo que resuelve los remates triangulares bajo una cubierta inclinada, los huecos con el techo en pendiente y las esquinas que no son rectas.

Una hoja móvil no: tiene que ser rectangular para poder girar y plegarse.

Conviene saber que las formas especiales encarecen el vidrio respecto a un rectángulo del mismo tamaño, porque el corte y el aprovechamiento de la plancha son otros. No es un recargo abusivo, pero existe y tiene que aparecer en el presupuesto.

Un aviso sobre el precio por metro cuadrado

Si comparas el precio por metro cuadrado de un fijo con el de una hoja móvil, te vas a llevar una sorpresa rara: en piezas pequeñas, el fijo puede salir carísimo por metro.

No es un error. Es que hay un mínimo facturable por pieza. Un fijo de 40 × 60 cm son 0,24 m², y ese trozo de vidrio hay que cortarlo, pulirlo, transportarlo y montarlo igual que uno grande. Repartir ese trabajo entre 0,24 m² da un número por metro cuadrado que no significa nada.

La comparación honesta entre fijo y hoja móvil se hace sobre el total del tramo, no sobre el precio unitario. Y en tramos de tamaño normal, el fijo sale claramente por debajo.

La pregunta que resuelve el reparto

En la medición hacemos una sola pregunta por cada tramo, y con eso sale el reparto entero:

"¿Cuándo fue la última vez que quisiste abrir por aquí?"

Si la respuesta es "nunca" o "no hay nada al otro lado", es un fijo. Si es "todos los veranos" o "por aquí salgo al jardín", es hoja móvil y probablemente una de ellas tiene que ser puerta.

Es la conversación que más presupuesto ahorra y la que menos gente tiene, porque exige mirar la terraza en lugar del catálogo. Cómo se reparte todo el hueco en hojas está en cuántas hojas lleva una cortina de cristal.

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