Consejos

¿Ahorra energía cerrar la terraza con cristal?

Qué cambia de verdad en la factura al cerrar una terraza con cristal, de qué depende, y por qué no publicamos un porcentaje de ahorro como hace el sector.

Interior de un porche cerrado con cortina de cristal con vistas al jardín

Si buscas esta pregunta encontrarás porcentajes muy concretos en varias webs del sector. Un ahorro del 20 %, del 30 %, cifras redondas y rotundas.

Nosotros no vamos a darte una. No tenemos ensayos energéticos de estos sistemas, y un porcentaje sin ensayo detrás es un número inventado que suena a dato. Cuando veas uno, pide el estudio: debería poder decirte en qué vivienda, con qué orientación, con qué sistema de calefacción y comparado contra qué.

Lo que sí se puede explicar con honestidad es qué cambia físicamente al cerrar una terraza, y de qué depende que eso se note en tu factura o no se note nada.

Lo que sí cambia, y es real

1. Se acaban las infiltraciones

Es el efecto más grande y el menos glamuroso. Una terraza abierta deja que el viento golpee directamente la puerta y la ventana que dan al salón. Si esa carpintería tiene unos años, por ahí se cuela aire frío de forma continua.

Al cerrar la terraza, esa carpintería deja de estar expuesta al viento. Sigue siendo la misma ventana antigua, pero ahora tiene delante un espacio en calma. En viviendas con carpintería vieja, esto es lo que más se nota, y se nota antes en la sensación de confort que en la factura.

2. Aparece un espacio colchón

Este es el mecanismo de fondo, y tiene nombre en construcción: espacio tampón.

El calor de tu salón se escapa hacia fuera a través de la pared y la ventana que dan a la terraza. Si la terraza está abierta, ese calor se pierde contra el aire exterior, que en enero está a cuatro grados. Si la terraza está cerrada, ese aire intermedio está bastante más templado que la calle, y la diferencia de temperatura entre el salón y lo que hay al otro lado del cristal se reduce.

Menos diferencia de temperatura significa menos pérdida. Es el mismo principio por el que una cámara de aire aísla en un doble acristalamiento, solo que a escala de habitación.

3. Ganancia solar en invierno

Una terraza acristalada orientada al sur o al oeste se calienta sola con el sol de invierno, incluso en días fríos. Ese espacio templado está entre tu salón y la calle, y en las horas centrales del día puede aportar calor hacia la vivienda si abres la puerta.

Es gratis y funciona, y es exactamente el mismo efecto invernadero que en agosto te obliga a poner un toldo.

Lo que casi nadie te va a decir

Aquí está la contrapartida, y preferimos decirla nosotros.

Si calefactas la terraza cerrada, no ahorras energía: gastas más.

Parece obvio dicho así, y sin embargo es lo que pasa en muchas casas. Cierras la terraza, queda tan bien que la conviertes en una salita, pones un radiador o un calefactor eléctrico, y ahora estás calentando varios metros cuadrados extra detrás de un vidrio monolítico sin cámara ni rotura de puente térmico. Tu factura sube, y con razón.

Una cortina de cristal es vidrio templado de un solo espesor. Corta el viento, la lluvia y el polvo, y crea el espacio colchón del que hablábamos. Lo que no hace es comportarse como la fachada aislada de una vivienda.

Así que la frase honesta es esta: cerrar la terraza ahorra energía mientras la terraza siga siendo una terraza. En cuanto la calientas como una habitación, deja de ahorrar.

Las dos cosas son legítimas. Solo conviene saber cuál estás comprando.

De qué depende que se note

Por orden de importancia:

  • Cómo esté la carpintería que da a la terraza. Si es antigua y con infiltraciones, la mejora es apreciable. Si ya tienes ventanas modernas con rotura de puente térmico y doble acristalamiento, el efecto es mucho menor: la fachada ya estaba bien resuelta.
  • La orientación. Sur y oeste aportan ganancia solar en invierno. Norte, prácticamente ninguna.
  • La superficie de fachada que da a la terraza. No es lo mismo una puerta que un ventanal de cuatro metros.
  • Si ventilas bien. Un espacio cerrado sin renovar acumula humedad y condensa, y una terraza permanentemente entreabierta pierde buena parte del efecto colchón.
  • Qué haces con la terraza después. Vuelve al punto anterior.

Y en verano

En verano el efecto se invierte y también hay que decirlo. Una terraza acristalada sin sombra se convierte en un acumulador de calor pegado a tu salón, y eso puede hacer trabajar más al aire acondicionado.

La solución no es no cerrar, es manejarlo: sombra por fuera si es posible, estores por dentro si no, y sobre todo abrir de par en par por la noche. Una cortina de cristal abre el hueco entero, así que en agosto la terraza puede dejar de existir como espacio cerrado. Lo hemos desarrollado en calor e intimidad en una terraza acristalada.

La regla práctica de todo el año: cerrado cuando ayuda, abierto cuando estorba. Un cerramiento que se abre entero es una herramienta; uno que se queda siempre cerrado es una pared de cristal.

Si tu motivo principal es la factura

Te lo decimos claro: un cerramiento de cristal no es una medida de eficiencia energética, y si lo estás valorando exclusivamente por el ahorro, hay intervenciones que rinden más por el mismo dinero. Cambiar una carpintería vieja por uno con rotura de puente térmico y doble acristalamiento, o aislar una fachada, tienen un efecto directo y medible que esto no tiene.

Lo que un cerramiento de cristal sí te da, y es mucho, es un espacio que antes no podías usar. Ocho o diez meses al año en lugar de tres. El ahorro, cuando aparece, es un efecto secundario agradable, no el motivo.

Si lo que buscas es el comportamiento térmico de una habitación, dilo en la medición: el cerramiento perimetral con hoja enmarcada admite doble acristalamiento con cámara de aire, y ese sí juega en otra categoría. Está comparado en cortinas de cristal o cerramiento de aluminio.

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